lunes, 14 de octubre de 2013

Yo les regalo mi tiempo y ellas me revelan secretos...

Las pequeñas de mi casa son grandes reveladoras de secretos, tan solo tienes que regalarles tiempo y querer adentrarte en su percepción del mundo a través de los pequeños acontecimientos. Hoy me revelaron un secreto: “Como la verdadera esperanza se fragua en la espera fecunda”.
Hoy tuve que ir con cinco de nuestras pequeñas al hospital para hacer el test del VIH, algo sencillo y rápido que no demoraría mucho, pensé yo. Algunas de las niñas se han incorporado a la casa hace poco tiempo y es conveniente hacer algunos controles rutinarios que nos informen del estado de salud. A las 6 de la mañana ya nos pusimos en camino aprovechando el autobús de las otras niñas de casa que se dirigían para la escuela. Era la primera vez que iba al hospital en esta tierra y cuando llegué lo último que me podía imaginar es que aquello que veían mis ojos fuera un hospital. Pasada la primera impresión nos dirigimos hacia la puerta donde hacen los test de VIH, éramos las primeras pero allí no aparecía nadie. Nos sentamos pacientemente en el bordillo de la puerta acogiendo el sol de un nuevo día que con fuerza ya nos daba en el rostro. La espera comenzó a alargarse y las pequeñas querían jugar por los alrededores. Jugamos al veo veo, a pintar en la arena, a las palabras encadenadas, a adivinar animales, a las casitas … etc. Después de 2 horas apareció un señor que nos abrió la puerta y nos entregó un número en un trozo de papel. - Tienen que esperar, nos dijo. - ¿Más? pensé. Yo, que no me caracterizo por ser una mujer paciente, empezaba ya a desesperarme. Mis pequeñas empezaban ya a tener calor y hambre. No llevaba en el bolso ni una triste galleta pensando que la cosa no sería para tanto. Tampoco agua, acostumbrada a beber sin problema en cualquier sitio público.  -No tenemos nada, les dije. Así que, siguieron jugando.
Las esperas se convierten aquí en espacios de encuentro con su Presencia. Mientras esperaba me puse a contemplar a las pequeñas; cómo jugaban, qué decía, cómo viven ellas las esperas largas de la vida. Mientras yo me desespero ellas las hacen fecundas, la llenan de risas, de historias, de preguntas inocentes que me invitaban a salir de mí.
En esta mañana, tan solo regalé tiempo a las pequeñas, la compañía de un adulto que les dé seguridad ante cosas como éstas que aún no entiende por qué ni para qué. Ellas en cambio, me revelaron un gran secreto: para vivir desde la verdadera esperanza he de entrenarme en los tiempos de espera, hacerlos fecundos para que en ellos pueda habitar Quien les da sentido. Sólo puedo creer que su Promesa es Vida para siempre, cuando en el sin sentido soy capaz de acoger y vivir  parte de este regalo ya ofrecido.

Hoy fueron ellas, las que me regalaron el hecho de poder contarTe a otros. Gracias pequeñas por revelar desde aquí  cosas tan  importantes a nuestro mundo.

jueves, 10 de octubre de 2013

Regalos que se hacen invitación

Recibir un regalo de alguien siempre es motivo de alegría. Detrás de ellos siempre se esconden un sinfín de emociones y sentimientos que tantas veces con palabras no alcanzamos a expresar.  Lo que le da el valor al regalo es el deseo que se esconde detrás de  aquellos que te lo ofrecieron. Ayer pusieron en mis manos un hermoso regalo: mi primera capulana. Esa tela sencilla, llena de múltiples colores  y que tanto expresa a las mujeres de esta tierra. Generalmente la usan como falda, pero sirve para muchas más cosas; llevar  los bebés, cargar la compra, tumbarse en el suelo mientras se espera,  cubrirse la cabeza del sol…  Pero esta venía con un deseo que me hicieron explícito. Mientras me la ofrecían, en medio de un baile, alguien hablaba en voz alta: - Aquí está el hermoso símbolo de las mujeres de esta tierras, las mamás africanas son las portadoras y guardianas de la vida, eso queremos que seas tú para nosotros.

Gracias, pensé cuando lo abría, por hacer de este pequeño gesto una hermosa invitación a vivir desde Tus deseos: no dejar de buscar allí donde late la Vida para guardarla y ofrecerla a otros. 

domingo, 6 de octubre de 2013

El valor del "aquí y ahora contigo"

Mantener al día un blog me parecía algo fácil cuando estaba en España. Desde que vine a la aldea me parece un milagro. En estos 5 días que llevo aquí la realidad no para de deslumbrarme y en ella, la Vida y la Presencia de quien la habita de mil formas en lugares tan distintos. Aún me resulta complicado contar lo que mis pobres sentidos alcanzan a ver y a sentir porque intuyo que para captar el trasfondo de cada pequeña cosa tengo que aprender muchas otras y reaprender otras tantas.  En la aldea y con las niñas en casa, lo que antes me parecía fácil se torna complicado; como abrir el correo electrónico, andar por la casa y por las calles cuando cae la tarde, curar una herida infectada, ir a comprar algo de verdura ...  En cinco días ya me he desesperado varias veces pero veo que la gente  a mi alrededor lo vive bien, con calma. - "No pasa nada", me decía el otro día una niña de casa,  tenemos todo el día". La gente de esta tierra vive como tesoro su aquí y ahora, lo que la vida les da en este momento y no se ansían por pensar que ocurrirá mañana. Aprovechan el tiempo y lo que hacen en cada instante. Viven la vida intensamente y andando por los caminos celebran cada encuentro. En estos días Me cuentas, a través de ellos, que si quiero aprender y crecer en esta tierra tendré que reaprender otras, porque sólo así lo que antes me parecía imposible aquí se hace vuelve milagro posible.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Llegar a otro mundo ....

Ayer llegué a tierras Mozambiqueña después de un largo viaje. Hoy era la primera noche que dormía en otro continente, en la tan soñada Africa. Mucho he pensado en estos días cómo sería mi primera noche aquí: lejos de la gente que quiero, de mi familia y amigos.... Y llegó ese día. Me iba a la cama agradecida por la jornada regalada, poniendo la vida en las manos de quien me la ofrece cada mañana pero ayer una serena y hermosa sensación me invadía: el Susurro del Viento que acaricia y habla al oído: Pequeña ya llegaste donde tenías que llegar. Nunca me imaginé que esa noche estuviera tan llena de paz, esa que que apacigua el corazón y se abandona a los lindos sueños.