Las pequeñas
de mi casa son grandes reveladoras de secretos, tan solo tienes que regalarles
tiempo y querer adentrarte en su percepción del mundo a través de los pequeños
acontecimientos. Hoy me revelaron un secreto: “Como la verdadera esperanza se fragua en la espera fecunda”.
Hoy tuve que
ir con cinco de nuestras pequeñas al hospital para hacer el test del VIH, algo
sencillo y rápido que no demoraría mucho, pensé yo. Algunas de las niñas se han
incorporado a la casa hace poco tiempo y es conveniente hacer algunos controles
rutinarios que nos informen del estado de salud. A las 6 de la mañana ya nos
pusimos en camino aprovechando el autobús de las otras niñas de casa que se
dirigían para la escuela. Era la primera vez que iba al hospital en esta tierra
y cuando llegué lo último que me podía imaginar es que aquello que veían mis
ojos fuera un hospital. Pasada la primera impresión nos dirigimos hacia la
puerta donde hacen los test de VIH, éramos las primeras pero allí no aparecía
nadie. Nos sentamos pacientemente en el bordillo de la puerta acogiendo el sol
de un nuevo día que con fuerza ya nos daba en el rostro. La espera comenzó a
alargarse y las pequeñas querían jugar por los alrededores. Jugamos al veo veo,
a pintar en la arena, a las palabras encadenadas, a adivinar animales, a las
casitas … etc. Después de 2 horas apareció un señor que nos abrió la puerta y
nos entregó un número en un trozo de papel. -
Tienen que esperar, nos dijo. - ¿Más? pensé. Yo, que no me caracterizo por
ser una mujer paciente, empezaba ya a desesperarme. Mis pequeñas empezaban ya a
tener calor y hambre. No llevaba en el bolso ni una triste galleta pensando que
la cosa no sería para tanto. Tampoco agua, acostumbrada a beber sin problema en
cualquier sitio público. -No tenemos nada, les dije. Así que,
siguieron jugando.
Las esperas se
convierten aquí en espacios de encuentro con su Presencia. Mientras esperaba me
puse a contemplar a las pequeñas; cómo jugaban, qué decía, cómo viven ellas las
esperas largas de la vida. Mientras yo me desespero ellas las hacen fecundas,
la llenan de risas, de historias, de preguntas inocentes que me invitaban a
salir de mí.
En esta
mañana, tan solo regalé tiempo a las pequeñas, la compañía de un adulto que les
dé seguridad ante cosas como éstas que aún no entiende por qué ni para qué. Ellas
en cambio, me revelaron un gran secreto: para vivir desde la verdadera
esperanza he de entrenarme en los tiempos de espera, hacerlos fecundos para que
en ellos pueda habitar Quien les da sentido. Sólo puedo creer que su Promesa es
Vida para siempre, cuando en el sin sentido soy capaz de acoger y vivir parte de este regalo ya ofrecido.
Hoy fueron
ellas, las que me regalaron el hecho de poder contarTe a otros. Gracias pequeñas
por revelar desde aquí cosas tan importantes a nuestro mundo.